viernes, 24 de diciembre de 2010

Homilía de Nochebuena 2010

(Textos de la santa misa de vísperas de Navidad; además de leer puedes escuchar en: http://www.goear.com/listen/4d16f5a/navidad-2010-ambrogio-cortesi)

1. La emoción de la Madre

Queridos amigos y amigas, la representación del evangelio de esta noche nos hace de alguna manera no solamente escuchar sino "ver" y "sentir" los eventos de la Navidad de Cristo.
Podemos nosotros también ser parte de este nacimiento y compartir con la misma Madre de Cristo sus emociones: el ser llamada, el aceptar su misión, el dar a luz al Hijo de Dios.
Algo totalmente inesperado, pero real.
Con María, valiente en su embarazo, caminamos hacia Belén, hacia un pesebre humilde y luminoso.

2. La emoción del padre

San José corre el riesgo de pasar desapercibido en el nacimiento. No es él el protagonista, pero a pesar de su aparente silencio, tiene un papel muy importante.
María recibe un hijo por obra del Espíritu Santo.
Según la ley, una prometida que quedara embarazada, tenía que ser lapidada por su culpa.
¿Quien podía creer a sus explicaciones? Lo que había pasado fue algo tan inaudito, que dejaba abiertas muchas dudas.
En la lectura del evangelio de Mateo, nos hemos dado cuenta que José, después de dudar, le creyó.
Solamente por amarla mucho pudo creerle de corazón, aceptar ser su esposo y protegerla.

3. La emoción de la fe

Lo que sucedió a María y José puede suceder también a nosotros que escuchamos la palabra y celebramos los sacramentos.
La Navidad es Cristo que nace en nosotros por la fe, así como vino al mondo por medio de María.
"Todo cristiano que cree concibe en cierto sentido y engendra al Verbo de Dios en si mismo".
Pero por eso se necesita una fe pura y plena, una fe que sea prioridad entre nuestros pensamientos y quehaceres. Una fe que, al igual que la de José, supera toda duda y nos permite recibir la realidad inesperada de Dios en nuestra vida.

4. La emoción del Niño Dios

Pasando por las primeras tres emociones, nos damos cuenta que falta una: la emoción del Niño Dios, el que está al centro del cuadro y es lo más importante.
Ya el Antiguo Testamento presentaba un Dios cercano a su pueblo, pero nunca un Dios bebé, un infante en su cunita.
El Niño Dios no suscita temor sino ternura, no infunde respeto sino que inspira toda bondad, no llama al sacrificio, más bien al estupor.
En este año vi varios nacimientos en familias conocidas. Es un evento que todo lo cambia, que motiva las mejores energía de la pareja y de su entorno.
Un niño necesita de todo, y no sería una verdadera Navidad sin querer al Niño Dios en los más necesitados: los que no tienen un trabajo digno, los que no tienen casa, los enfermos, los que sufren las limitaciones de la edad.
A todos ellos mi más sentida cercanía; a la vez ofrezco a Dios mi limitación temporánea por todas las personas que hubiese querido visitar y no pude.
Para todos ustedes elevo a Dios mis oraciones y les deseo Feliz Navidad, con la Virgen y san José: la Navidad del Niño que por la fe vuelve a nacer en cada uno de nosotros.

2 comentarios:

Roberto dijo...

De todo corazón quiero felicitarte por la Navidad. Que el Niño Dios te bendiga y te colme de alegría y paz.

donambro dijo...

Gracias Roberto!
¡Unidos en fe y oración, gozamos de estas horas de paz!